Santiago encanta. La ciudad que desde 1515 fungiera hasta mediados del siglo XVI como
capital de Cuba es un monumento nacional incluso antes de su declaración oficial en 1978.
Desde aquel verano de más de medio milenio atrás cuando se decidió el nombre de la
entonces villa, en honor del santo guerrero patrón de España: Santiago Apóstol, el enclave,
favorecido por una hermosa bahía prometía convertirse en un sitio especial.
Santiago se convierte en ciudad cuando en 1522 se traslada a ella el obispado y su catedral
radicada en Baracoa bajo el nombre de Nuestra Señora de la Asunción.
Con tales raíces no asombra que cerca de la ciudad esté el Santuario de El Cobre, donde
millones de cubanos veneran a la Virgen de la Caridad, patrona de Cuba.
La minería, y sobre todo la extracción de oro y cobre, figuraron como las primeras actividades
económicas que beneficiaron a los santiagueros, también dedicados al comercio, algo que hoy
también resulta pues la bahía sigue siendo una importante vía comercial que favorece a la
ciudad marcada por el desarrollo industrial.
De esa misma bahía partió Hernán Cortés a la conquista de México, y a ella llegaron tras la
revolución haitiana de 1791 cientos de emigrantes franceses que introdujeron en Cuba el café y
su cultura.
Cuna de músicos de renombre internacional como Sindo Garay, Ñico Saquito, Compay
Segundo y Eliades Ochoa, y de poetas como el Cantor del Niágara, José María Heredia, uno
de los precursores del Romanticismo en la lengua española, Santiago se precia de tener el
mejor carnaval del país, y otros eventos culturales como la Fiesta del Fuego, y festivales como
el del Caribe, el Internacional de Coros, el del Son “Miguel Matamoros”, el Internacional de la
Trova “Pepe Sánchez” y el del Bolero.
Santiago es inabarcable. Tiene lugares históricos como el Castillo de San Pedro de la Roca o
del Morro, Patrimonio de la Humanidad desde 1997; el cementerio Santa Ifigenia que resguarda
los restos mortales del Héroe Nacional, José Martí; el museo Diego Velázquez y el Emilio
Bacardí, primero de su tipo en el país; y otros menos antiguos, pero de gran importancia
nacional como el Cuartel Moncada y la Plaza de la Revolución.
¿Cómo no ir a unos 20 kilómetros de la ciudad y llevar a los niños al Parque Baconao para que
corretee entre dinosaurios de piedra hechos a escala natural, o al acuario o al Museo del
Transporte Terrestre, con sus más de 2 000 vehículos en miniatura junto a una exhibición de
autos antiguos a tamaño real?
¿Quién no se imagina visitando al Parque Céspedes, más hermoso en la realidad que en las
múltiples postales suyas que circulan por todo el mundo, gracias al auge del turismo? ¿Qué
cubano no quiere perderse la vista de la Gran Piedra?
En la ciudad reina el eclecticismo arquitectónico en medio de calles escalonadas y casonas
coloniales de ventanales inmensos balcones apretados.
Histórica, y moderna en sus avenidas y rotondas, Santiago arribó a los 500 años de existencia
sumando encantos como el malecón que custodia ahora a una parte de la bahía, esa donde
también se desarrolló la primera guerra imperialista de la historia entre España, Estados Unidos
y Cuba, esa donde pescaron los aborígenes, esa bahía que embellece a una ciudad que uno
no debe perderse: Santiago de Cuba.
Santiago de Cuba, ciudad histórica y cultural, destaca por su bahía, arquitectura, música, carnavales, patrimonio mundial y atractivos turísticos únicos.
Compartir: