Al decir arco de triunfo uno enseguida evoca el de París, construido en el extremo oeste de los Campos Elíseos para conmemorar los triunfos militares de Napoleón, o se acuerda del de Pionyang, que con sus 70 metros de altura por 50 metros de ancho honra a Kim Il-Sung, por su guía en la resistencia del pueblo coreano frente al Imperio de Japón. Lo menos que un cubano busca es un referente en la Isla y los hubo desde el siglo XIX, de hecho, todavía nos queda uno. El arco de triunfo es un monumento de origen romano. Este pueblo de la Antigüedad utilizó dicha construcción para celebrar hazañas militares, que todavía persiste como motivo más común, aunque con el tiempo se han erigido algunos de carácter civil como el de Barcelona. En su forma más simple se trata de dos pilastras macizas unidas por un arco, rematadas por una estructura plana en la que puede estar una estatua o inscripciones conmemorativas. Es una estructura independiente, exenta de las puertas o murallas de la ciudad. En Cuba no se ignoró tal tradición grandilocuente de celebración. De 1878 data la primera constancia gráfica de uno de estos arcos en la Isla. Se alzó en Santiago de Cuba en homenaje al Capitán General Arsenio Martínez Campos, por conseguir la “Paz del Zanjón”. Según se aprecia en las imágenes, lo ubicaron en la calle Santo Tomás, entre la antigua calle de la Catedral, hoy San Pedro y la calle de la Marina, hoy Aguilera, muy cerca de la Casa de Diego Velázquez. Al parecer en Santiago fueron muy dados a esta instalación porque hay referencias de otros dos arcos en la ciudad por esa misma fecha, uno de ellos se situó al lado de la antigua estación de ferrocarriles. Pero existen referencias anteriores, las más claras corresponden a 1864 cuando un periódico habanero referencia un arco de triunfo del Puente de Chavez. Y a finales de este siglo se erigió uno para consagrar a Valeriano Weyler, en Monte y Águila. En el siglo XX se construyeron varios arcos para saludar la llegada al poder de Don Tomás Estrada Palma. Gracias a las imágenes se ha podido identificar el lugar de dos de ellos, uno en el Barrio Chino y otro en la calle O´Reilly, frente a la estación de trenes de Villanueva. Se elevó uno en la plazoleta situada entre la Manzana de Gómez y la que ocuparía el Centro Asturiano, dedicado a José Miguel Gómez, que accedía a la presidencia del país en 1909. Varios arcos de triunfo también se le dedicaron a Gerardo Machado. No faltó uno en Santa Clara, su ciudad natal, y varios en la Carretera Central como homenaje al presidente “benefactor”. Para celebrar los 50 años de la República, en 1952, se levantó uno en el Paseo del Prado, entre el Parque Central y el hotel Telégrafo. De esta multitud de arcos de triunfo edificados en la Isla solo sigue en pie el arco que los obreros de Cienfuegos le dedicaron a la naciente República el 20 de mayo de 1902. El llamado “Arco de los Obreros” se encuentra en el Parque José Martí de la Perla del Sur y se hizo en poco más de 20 días. En él se simbolizan una trilogía de gracias que pueden constituir la felicidad humana: la idea elevada, el sentimiento de bondad y el trabajo beneficioso. También tres fueron las banderas izadas en la ceremonia inaugural, la de Cuba, la de Cienfuegos y la de los obreros que era de color rojo con tres números 8 en representación de sus aspiraciones: 8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de acercamiento a la cultura. Ahí está en Cienfuegos, incólume, el único arco del triunfo que le queda a Cuba, hecho más rápido y sencillo que la Puerta de Alcalá, pero con las mismas pretensiones de ver pasar el tiempo, como demuestran sus 116 años.
Cuba tuvo arcos de triunfo desde el siglo XIX. Solo permanece el Arco de los Obreros, erigido en el Parque José Martí de Cienfuegos el 20 de mayo de 1902.
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