No toda ciudad alcanza el apelativo de novia. Manzanillo lo tiene y no porque allí vivan más mujeres que hombres, sino porque encanta con un canto que todos perciben pero que pocos descubren, como esos perfumes que no se sabe bien de qué están hechos pero que todos desean comprar. Manzanillo es la Novia del Guacanayabo. El Golfo le provoca esa música singular que solo se siente en los sitios donde fluye el amor. ¡Y allí sí que fluye! En las miradas de las muchachas que pasean en las tardes frente a las iglesias antiguas, en el barullo del puerto y del astillero, en las manos de los miles que sudan en las industrias de baterías para automóviles y aviones, en las de ropa, calzado, camarón, ron… Es uno de esos lugares especiales de siempre. Desde antes de 1830, cuando se declara villa independiente de Bayamo, los aborígenes tenían por especial el recodo frente al golfo caribeño. En fecha tan temprana como 1514, el mismísimo Diego Velázquez menciona el pueblo “indio”, pero fueron los españoles quienes bautizaron como Manzanillo al asentamiento, que en los primeros años de la conquista aparecía en la documentación como Manzanilla, debido al parecido de un arbusto venenoso abundante en la región que a los hispanos les recordaba al olivo manzanillo, árbol bien común en Europa, productor de la aceituna manzanilla. Para la ciudad el golfo ha sido un buen novio que la ha ayudado a crecer. En sus playas se producen los sucesos que motivaron al primer monumento de la literatura cubana, el poema épico Espejo de Paciencia, escrito por Silvestre de Balboa en 1604. Desde entonces, Manzanillo solo se ha desarrollado. A la historia han saltado personalidades como Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria en Cuba, que a solo ocho kilómetros de la villa, liberó a sus esclavos en su ingenio La Demajagua e inició la primera guerra por la independencia nacional. Patriotas como Bartolomé Masó, mayor general y presidente de la República en Armas, o Celia Sánchez, destacada luchadora clandestina, poetas como Manuel Navarro Luna y compositores como Carlos Puebla hacen de esta urbe una verdadera perla del oriente cubano. Considerada Cuna del Son, es otro privilegio de Manzanillo ofrecer en sus carnavales el ritmo del legendario órgano oriental. No en vano por décadas una orquesta local, la Original de Manzanillo, ha mantenido su popularidad en toda Cuba y ha llevado su música a diversas latitudes. El embeleso de ciudad que canta, la gracia propia de novia se percibe en la mezcla de casonas vetustas e iglesias monumentales como La Purísima Concepción, pero sobre todo, en la hermosa glorieta de aires moriscos ubicada en el parque central, el Carlos Manuel de Céspedes. La Glorieta, erigida bajo el modelo de la existente en la ciudad española de Granada, se declaró Monumento Local por su belleza y los valores extraordinarios que posee. Inaugurada en 1924 ha sido escenario de diversas actividades culturales y políticas. El abrazo hondo del mar por un lado y el de los campos verdes por otro hacen de esta ciudad de tez amerindia una novia feliz. Manzanillo encanta con una música única que, sutil como una buena fragancia, deja un toque inolvidable a quien la visita.